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PROYECTOS SOLIDARIOS PARA ÁFRICA

Inscrita en el Registro de Asociaciones de Andalucía con número 9849

NIF: G-19605187

 

Testimonios - Solidarity Africa Practical Projects (Togo)

Testimonio Ana García Rivas

Pensándolo fríamente, creo que sí. Lo era. Era una necesidad. Un ansia viva que me corroía por dentro, de siempre. Y llegó el momento de hacerlo. En abril decidí que iba a dedicar tres semanas del verano enteramente a unos niños (no sabía que tan pequeños, confieso). Y ahí empezaron los preparativos: dónde ir, en qué idioma hablar, con quién iba a ir… Y me tiré a la piscina: a Togo, hablando en francés y sola. ¿Qué podía salir mal? Aparte de la segunda dosis de la vacuna de la rabia, claro.


Vuelos, vacunas (ya os he adelantado una de ellas), ropa, recogida de material para los niños, botiquín… y muchas ganas. La verdad es que no hace falta mucho para irte para allá. Ahora lo sé. Cuatro camisetas, tres pantalones y dos pares de zapatillas. Con eso salvas, tranquilamente, tres semanas. Y si te pones tonto te traes unos pantalones y una camiseta sin poner. Nota mental: mejor ropa estampada que se ven menos los manchurrones.


El 26 de julio me fui para allá. Creo que no estaba muy nerviosa. O puede que sí. La verdad es que no lo recuerdo. Llegué a Accra, capital de Ghana, de madrugada. ¡Estaba en África! El coche era de aquella manera, el hostel donde me quedaba era raro, no podía beber agua del grifo y me moría de sed… ¡Y resulta que Accra es Europa comparado con Togo!


Blablacar para ir a Togo, pasar la frontera a Lomé, empezar a hablar en francés… ¡Se me cruzaron los cables! No sabía si entendía, si no entendía… y ahí empezó todo. Eso era África. Lo que había ido a conocer. La experiencia desde cero. Sin contacto con nadie no togolés. La aventura. Esa con la que había soñado tanto tiempo.


A los dos días fui a conocer el orfanato, a mis niños, a esos con los que pasé tan buenos ratos Y otros más complicados.  Ese orfanato que está un poco manga por hombro en el que se pueden hacer taaaantas cosas. Ese lugar en el que aprendí (¿o quizá recordé?) que lo más valioso que tenemos es el tiempo. Que muchas veces solo tenemos que dárselo a los demás para ser felices, ellos y nosotros. Ahí corroboré la frase del jefe de una aldea a unas dos horas de Lomé: ‘Vosotros tenéis la hora, nosotros tenemos el tiempo’. ¡Qué gran verdad!


Cuando fui era escéptica con todo lo que me habían contado de la experiencia, de las emociones. No creía que fuera verdad. Yo era más fría que todos los que habían estado antes. Error de bulto. Las emociones, sentimientos, relaciones, amistades… todo lo que haces allí, es otra realidad. Es la realidad africana. Hace algo más de un mes que volví y sigo pensando en mis niños. Sigo pensando en mi Wanda. Y para hacerlo más llevadero, tengo sus fotos por casa.


Todo es diferente. Tanto que en algún momento sí echaba de menos a alguien no africano para compartir mis experiencias, para saber si mi comprensión era limitada o es que no tenía sentido para un yobo. La cultura, la manera de vivir… no podría enumerar todo. Algo se queda en el tintero, seguro.


Los niños, cómo trabajan en casa, el papel de la mujer, la comida (no solo los ingredientes, desde la preparación hasta el comer, con la mano, a la falta de sobremesa… todo), la higiene, las conversaciones, el viajar en moto sin casco, el hecho de que su movimiento de muñeca sea contrario al nuestro, cómo les aguantan las trenzas y a mí se me caían, cómo no son cariñosos, como no se acarician sino que se aprietan, cómo no dan besos, cómo beben cerveza togolesa de 600ml, cómo comparten la (poca) comida que tienen, cómo les gusta que muevas la nariz (porque ellos no pueden hacerlo), cómo te miran por la calle y cómo te piden matrimonio por ser una blanquita que pasea, cómo te puedes duchar con cubos y estás igual de limpito, cómo puedes lavarte los dientes con agua embotellada en un patio, cómo puedes vivir sin espejo un mes y sobrevivir (las fotos ya dicen cuándo ibas con barro en la cara), cómo el ir con manchas pierde importancia y cómo puedes vivir sin nada y sin necesitar nada.


Siempre he sido un poco cabra. Asilvestrada un poco también. Y allí lo he sido más todavía. Ha sido una de las mejores experiencias de mi vida, si no la mejor. Desde que llegué. Pensar al cabo de tres días que me quedaban tres semanas y que parecía que llevaba dos meses. Conocer a la gente de allí, sus costumbres, sus ideas, sus reflexiones. Abrir la mente y empaparme de todo lo que pudiera. Aprender de las cosas no tan buenas, que también las hay. Conocer a gente maravillosa. Aprender a eliminar tabús. Dejarme sorprender cada día. Ver. Observar. Disfrutar. Compartir. Vivir. Entender. Pensar en cuándo volver. Y querer volver. Merci. Gracias por tanto. C’est l’Afrique.

Testimonio Marcos Corral

He tenido la gran oportunidad de poder ser voluntario en Togo y ha sido una experiencia única.


Estuve en Ghana en navidades a través de SAPP y ha sido una experiencia totalmente enriquecedora que volvería a repetir.


He pasado dos meses en Lomé siendo profesor (a veces profesor ayudante) en tres escuelas de un barrio periférico de la ciudad y viviendo con una entrañable familia togolesa.


Mi labor consistía en ayudar a los jóvenes y a los niños con sus dudas en física, química y matemáticas. También pude ver como impartían clases de español, cosa que me sorprendió, aunque mi bagaje francófono en educación me hacía sospechar que pudiesen impartir castellano en Togo. Las aulas, como podéis imaginar no tenían las mejores condiciones pero el ambiente de estudio y la motivación, sobre todo en los niños más pequeños, te animaban a ayudar al máximo. El nivel al contrario de lo que se pudiese esperar era bastante alto y los alumnos no siempre entendían las cosas.


Vivir en una familia togolesa con su original composición no te deja indiferente, la vida de los jóvenes en Lomé no es fácil, muchas familias acogen a niños que han perdido a sus padres y tienen que encargarse de cocinar y limpiar para su familia o ayudarles en las tiendas. En casa hablan su idioma que no es francés y al principio todo se vuelve desconcertante. Desde beber agua hasta tomar una ducha se vuelven actividades diferentes en África. Pero sí o sí te acostumbras a beber agua en bolsas de plástico, a comer con las manos, a tener tu primera diarrea, a combatir el calor asfixiante del día, a lavarte en un barreño (porque no da la presión de la red de agua) o a vivir en una habitación con rejillas atrapamosquitos y un ventilador.


No menos impresionante es despertarte con las gallinas, asomarte a la calle y ver desde el amanecer un trajín de mujeres multicolores que va al mercado a vender fruta y comida (que llevan sobre su cabeza) o a su trabajo - mayoritariamente costureras y peluqueras-. Sin dejar de contemplar esa imagen puedes escuchar el ruido de las motos chinas de los Zemidjan, que transportan por toda la ciudad, y a toda velocidad, a los habitantes de Lomé, librándoles de los atascos.


Mientras escucho a Too Fan, King Mensah y otros genios del Kool Catche togolés me vienen a la mente recuerdos increíbles: el sol de África, las motos, las calles polvorientas, los atardeceres bajo los cocoteros o los mangos con una Castell en la mano, los colores, los hombres mujeres y sobre todo los niños de ese gran ?petit ?país que es Togo. Solo puedo desear lo mejor a sus gentes y a sus niños.


Recomiendo 100% una experiencia parecida: dedicar al África negra un par de semanas de vuestra vida siendo voluntario. El contraste y lo que aprendes no te deja indiferente.

¡Tu puedes cambiar las cosas!
SAPP a través de esta herramienta quiere facilitarte la organización de tu viaje.

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